jueves, 19 de junio de 2014

Mural antimonárquico en Tetuán




A principios de este mes de Junio se difundía la noticia de que el Rey Juan Carlos I abdicaba a favor de su hijo, el cual será el nuevo Rey. Este hecho no es más que un intento de lavado de imagen de la monarquía ante la visión cada vez más crítica por parte de la sociedad de esta institución fruto por una parte del empeoramiento de las condiciones de vida generalizada y por otra de los escándalos en el seno de la Familia Real.
No debemos olvidar que la monarquía es heredera del régimen franquista ya que el Rey fue elegido a dedo por Franco. El periodo de la Transición fue una reforma del franquismo con un envoltorio falsamente democrático. De hecho gran parte de elementos del franquismo siguieron y siguen presentes como por ejemplo el Tribunal de Orden Público creado para juzgar “delitos” políticos y que hoy se llama Audiencia Nacional, o muchos de los altos mandos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
La Constitución Española del 78 nos habla de que vivimos en una democracia. Pero es pura falacia. No se puede hablar de democracia cuando gobiernan partidos políticos reaccionarios y corruptos que lo único que les preocupa son sus intereses partidistas y que tienen la función defender los intereses del sistema capitalista y posibilitar que se perpetúe. No se puede hablar de democracia cuando el proyecto político de la clase dominante es apuntalado bajo amenaza militar. No se puede hablar de democracia cuando tiene vigencia una institución en sí misma antidemocrática y anacrónica como la monarquía y que para la juventud –así como para l@s nacid@s después de 1958- ha sido impuesta pues no ha tenido la posibilidad de pronunciarse sobre ella.
La vigencia de la monarquía implica mantener el actual ordenamiento institucional y social donde la injusticia es el día a día. La monarquía es un símbolo de la sumisión del pueblo frente a los poderosos a lo largo de la historia, perpetuarla es un insulto al pueblo y negarle la capacidad de ser dueño de su propio destino.
Desde Algarada consideramos que la juventud no podemos permanecer impasibles ante la segunda versión del “atado y bien atado”. No podemos quedarnos sin hacer nada cuando nos van a imponer a otro monarca sin que les importe lo más mínimo nuestra opinión y cuando se nos impone una vida de precariedad extrema. Apostamos por romper con su sistema explotador y por el poder popular, por ser dueñ@s de nuestras vidas y por eso animamos a la juventud de los barrios a organizarse y luchar contra todas las injusticias así como contra quienes las provocan, y entre ellas por supuesto está la monarquía.

Algarada

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